/ Sue Branford & Maurício Torres
Traducido por Mabel Pedemonte

Los productores de soya de Brasil, los comerciantes internacionales de materias primas y Brasilia quieren convertir la cuenca del Tapajós en un corredor de exportación de materias primas industrializado, por lo que construirán decenas de represas, carreteras y un ferrocarril.

  • La Amazonía brasileña ha sido deforestada, dañada y plagada de construcciones de manera sistemática por el Gobierno Federal, cuenca por cuenca. La más reciente a ser modificada es la del río Xingú. El próximo objetivo, en donde ya comenzó la construcción de la carretera y de la represa, es la cuenca del Tapajós.
  • Los proyectos de la agroindustria y del Gobierno exigieron la pavimentación de la autopista BR-163 (casi terminada), la construcción de un nuevo ferrocarril —llamado Ferrogrão (se acaba de aprobar)— y la construcción de la hidrovía industrial Teles Pires-Tapajós, lo que requirió decenas de represas, además de canales.
  • Como las plantaciones de soya en Mato Grosso avanzan hacia el norte, en lo profundo de la región del Tapajós, la agroindustria espera beneficiarse de la rápida construcción de la infraestructura de transporte, que proporcionará una carretera septentrional rápida y barata, un ferrocarril y una hidrovía al Atlántico para la exportación de materias primas.
  • Grupos indígenas, comunidades tradicionales del río, ONG ambientalistas y sociales se oponen a los proyectos de megainfraestructuras, ya que dicen que producirán deforestación y fractura cultural y que acelerarán el cambio climático local y mundial. El conflicto está lejos de quedar cerrado, así como el destino de la Amazonía.
La cuenca del río Tapajós se encuentra en el corazón del Amazonas y también de una controversia explosiva: construir más de cuarenta represas enormes, un ferrocarril, caminos, canales y complejos portuarios —lo que convertirá la cuenca en una inmensa ruta de exportación de materias primas industrializada— o frenar este impulso de desarrollo y conservar una de las regiones biológica y culturalmente más ricas del planeta.

Aquellos que luchan por moldear el destino de la cuenca tienen opiniones encontradas; sin embargo, dado que el Tapajós está en una región aislada, pocos de estos puntos de vista aparecen en los medios de comunicación. La periodista Sue Brandford y el científico social Mauricio Torres viajaron al lugar recientemente de parte de Mongabay y esperan arrojar algo de luz sobre el encendido debate que dará forma al futuro de la Amazonía.

El Cerrado —una amplia sabana tropical rica en especies endémicas que se encuentra en el estado central brasileño de Mato Grosso— fue despreciado durante siglos por ser inservible para la agricultura, pero, en los últimos quince años, una buena parte de la biodiversidad de esta vasta planicie ha sido destruida y, debido al uso generalizado de fertilizantes químicos y herbicidas, se ha convertido en el orgullo de la agroindustria brasileña, ya que ha alcanzado los niveles de productividad más altos del mundo.

Gracias, en parte, al desarrollo del Cerrado, Brasil se convirtió en 2013 en el exportador de soya más grande del planeta (aunque los Estados Unidos todavía producen más). Dos años después, logró una participación del 41 % del mercado mundial, lo que hizo que se volviera muy competitivo frente a los Estados Unidos.

Sin embargo, los grandes agricultores del norte de Mato Grosso están luchando para llevar esta abundancia al mercado, ya que están obligados a transportar las cosechas perecederas en camiones, por caminos calurosos, llenos de baches, a través de una larga ruta de 2400 km, hacia los puertos de Santos (estado de San Pablo) y Paranaguá (estado de Paraná), sobre el Atlántico.

Sorriso, Brazil’s largest producer of soybeans, calls itself the Brazilian capital of agribusiness. Jorge Baldo says the BR-163 highway is essential to Sorriso’s soy growers: “Our region is not viable without it!” he declares. Photo by Thaís Borges, November 2016
Sorriso, la productora de soya más grande de Brasil, se autodenomina la capital brasileña de la agroindustria. Jorge Baldo dice que la autopista BR-163 es fundamental para los productores de soya de Sorriso: “¡Nuestra región no es viable sin ella!”, declara. Foto: Thaís Borges, noviembre 2016
The Tapajós River, Brazil. More than forty dams would turn this free flowing river and its tributaries into a vast industrial waterway threatening the Tapajós Basin’s ecosystems, wildlife, people, and even the regional and global climate. Photo by International Rivers on Flickr, licensed under an Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0) license
Río Tapajós, Brasil. Más de cuarenta represas convertirían este río, que fluye libremente, y sus tributarios en una enorme hidrovía industrial, que amenazaría a la gente, la vida silvestre y los ecosistemas de la cuenca del Tapajós e incluso el clima regional y global. Foto: International Rivers en Flickr, bajo una licencia de Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0)

Para reducir de manera drástica estos altos costos de transporte, la agroindustria sueña con tres cosas: la pavimentación de la autopista BR-163 (que une las ciudades de Cuiabá y Santarém), la construcción de un nuevo ferrocarril paralelo a esa carretera (ya conocido como Ferrogrão) y, lo más ambicioso de todo, la construcción de la hidrovía industrial Teles Pires-Tapajós, un proyecto de construcción de megainfraestructuras que requiere decenas de enormes represas, embalses, esclusas, canales y puertos fluviales.

Carlos Fávaro, presidente de Aprosoja, la cooperativa soyera más grande de Brasil, habla con entusiasmo del río Tapajós como “el Misisipi de Brasil” y “un regalo de Dios”.

“Brasil —dice— ha sido beneficiado por la naturaleza con los ríos Juruena, Teles Pires y Tapajós, que fluyen hacia el norte y, cuando estén mansos, permitirán que se transporten en embarcaciones y portacontenedores las cosechas de la región agrícola más grande del país, en el centro de Brasil, al río Amazonas y a los puertos que están sobre el Atlántico —lo que acorta y abarata de manera considerable las rutas de exportación a China, otras naciones asiáticas y mercados europeos—”..

Por supuesto, Dios también ha bendecido la cuenca del Tapajós con una extraordinaria biodiversidad —lo que la convierte en una de las regiones biológicamente más ricas de la Amazonía—. También alberga un gran número de grupos indígenas y poblaciones ribereñas tradicionales. Estos sectores ven el futuro de una manera muy distinta.

The jaguar is an iconic symbol of the Amazonian wild. The taming of the rivers in the Tapajós Basin with more than 40 dams, and the arrival of new roads and a railway, are likely to bring extreme deforestation, settlement and the taming and destruction of one of the most biologically diverse places on the planet. Photo by Rhett A. Butler / Mongabay
El jaguar es un símbolo emblemático de la naturaleza amazónica. Es probable que el amansamiento de los ríos de la cuenca del Tapajós provoque deforestación extrema, asentamientos y la destrucción de uno de los lugares más biológicamente diversos del planeta. Foto: Rhett A. Butler / Mongabay

“Nos están destruyendo”

El Tercer Festival Juruena Vivo —que se llevó a cabo a fines de octubre en la ciudad de Juara, sobre el río Juruena— sirvió de foro para escuchar las voces de protesta, en general ausentes en la toma de decisiones de Brasilia en lo que respecta al destino de los ríos de la Amazonía.

Se reunieron allí trescientos participantes, incluidos los voceros de las comunidades ribereñas tradicionales y de asentamientos campesinos, investigadores, ONG ecologistas y los representantes de los pueblos indígenas apiaká, cayabi, mundurukú, manoki, myky, nambikwara y rikbaktsa.

Un mundurukú, Cândido Waro, con lágrimas en los ojos, describió cómo los sueños de los agroempresarios están convirtiendo su hogar en una pesadilla: “Se están construyendo dos represas grandes, la Teles Pires y la Sāo Manoel, bien en el límite con nuestra tierra. Las represas están destruyendo nuestras vidas. El río Teles Pires está [ahora] sucio. Nuestros niños están muriendo a causa de la diarrea. Quedan muy pocos peces. No queremos las represas, pero el Gobierno no nos escuchó. Nos están destruyendo”. Semanas después del encuentro en Juara, un derrame de petróleo, posiblemente causado por la construcción de la represa Sāo Manoel, contaminó aún más el Teles Pires, lo que impactó en los pueblos indígenas.

The Third Juruena Vivo Festival in Juara in Mato Grosso state, attended by representatives from seven indigenous groups, members of traditional river communities, environmental researchers and NGOs. Photo by Thais Borges, October 2016
El Tercer Festival Juruena Vivo de Juara (estado de Mato Grosso), al que asistieron representantes de siete grupos indígenas, miembros de comunidades ribereñas tradicionales, ONG e investigadores medioambientales. Foto: Thais Borges, octubre de 2016
Candido Waro, a Munduruku man and presenter at the Third Juruena Vivo Festival in Juara, wept as he spoke: “We didn’t want the dams but the government didn’t listen to us,” he said. “They are destroying us.” Photo by Thais Borges, October 2016
Cândido Waro, de la tribu munduruku y orador en el Tercer Festival Juruena Vivo de Juara, lloró mientras hablaba: “Nosotros no queríamos las represas, pero el Gobierno no nos escuchó”, dijo. “Nos están destruyendo”. Foto: Thais Borges, octubre de 2016

Irónicamente, el encuentro en Juara, puesto en marcha para rebelarse contra la industrialización de la cuenca del Tapajós —vista por los indios como otro acto cruel de colonialismo—, tuvo lugar en la plaza central de Juara, al lado de la estatua del Colonizador.

“The Statue of the Colonizer”, in Colonizer Square in Juara commemorates the beginning of the take-over of Indigenous territory in this part of the Amazon by non-Indians. Photo by Thais Borges, October 2016
La estatua del Colonizador, en la plaza del Colonizador, en Juara, conmemora el comienzo de la toma del territorio indígena en esta parte de la Amazonia por parte de los no indígenas. Foto: Thais Borges, octubre de 2016.

Erigida en 2010, la leyenda del monumento reza: “Nuestra historia comenzó aquí porque fue en este preciso lugar que Zé Paraná y otros miembros de Sibal (la sociedad inmobiliaria de la cuenca amazónica) comenzaron la expedición en la selva en el medio de las cenizas de la primera tala [forestal]”.

Andréa Fanzeres, de la Operação Amazônia Nativa (OPAN) —una ONG que trabaja con grupos indígenas—, organizó el encuentro de octubre. Ella le contó a Mongabay que OPAN había elegido de forma deliberada realizar el evento en esta plaza: “Toda la gente que participó en el festival vive aquí. Son personas invisibles, víctimas de prejuicios, excluidas de la vida urbana. Fue realmente atrevido por nuestra parte traer a esta gente a una plaza pública, a una plaza llamada la plaza de los Colonizadores”.

La lucha continua por sobrevivir

La “historia que comenzó” a la que alude la placa del monumento en Juara es una historia de expropiación y exclusión brasileña que incrementó miles de kilómetros hacia el sur durante el infame período de la dictadura en el país, que duró desde 1964 hasta 1985. Zé Paraná y Sibal se beneficiaron con el denominado programa de colonización de tierras del Gobierno militar —creado para darles “tierra a la gente sin tierra” que vivía en el sur, a la que instalaron en la Amazonía—.

El Gobierno militar lanzó propuestas para alentar a las grandes empresas a que establecieran ranchos ganaderos y programas de colonización a lo largo de la autopista Transmazônica. También dividió extensiones de tierra de la parte norte del estado de Mato Grosso entre solo unos pocos “propietarios” favorecidos. Juara, por ejemplo, fue dada a Zé Paraná, Sinop a Énio Pipino, Alta Floresta a Ariosto da Riva, etc.

Estos “propietarios” privilegiados subdividieron y vendieron a su vez pequeños lotes a las familias campesinas que se habían quedado sin tierra en el sur debido al apoyo que el Gobierno le había dado a la agricultura a gran escala y al fracaso de llevar a cabo un programa nacional de reforma agraria.

Como la inscripción de la placa menciona con aprobación, esos colonos “que comenzaron la historia” empezaron a talar y quemar la selva y a cultivar. Al principio, a estas familias colonizadoras todo les resultó difícil: un clima distinto, la infertilidad del suelo, la falta de hospitales y el inexistente apoyo del Gobierno. Muchos regresaron a casa, pero, como dicen en la región, “los testarudos se quedaron”.

Roads and infrastructure projects in the Tapajós Basin. Map by Mauricio Torres
Carreteras y proyectos de infraestructura en la cuenca del Tapajós. Mapa realizado por Mauricio Torres

Los recién llegados también chocaron contra una gran mentira gubernamental. El Gobierno les había prometido “una tierra sin gente para gente sin tierra”. Nada de eso. En realidad, los grupos indígenas y las comunidades pesqueras tradicionales habían vivido durante mucho tiempo en la selva y en las orillas de los ríos, tierras que fueron vendidas a los forasteros.

Pronto se desataron graves conflictos por la tierra y por la subsistencia entre los recién llegados, que buscaban aprovechar la tierra, y los gradualmente marginados pueblos tradicionales e indígenas, que ya vivían y trabajaban allí.

En verdad, hasta la promulgación de la progresista Constitución de 1988, los pueblos indígenas lucharon por su propia existencia, ya que en las constituciones anteriores los indígenas solo tenían permitido quedarse en sus tierras hasta que ellos fueran “integrados” a la sociedad nacional.

Si bien a día de hoy ellos han conseguido muchos derechos, la lucha es incesante: siguen perdiendo sus tierras por todo Brasil mientras continúa la épica batalla que viene desde hace siglos.

Conflicto en aumento

En la parte de la cuenca del Tapajós que corresponde al Mato Grosso, hoy día, los indígenas son a menudo confinados a “islas” que se achican cada vez más, zonas indígenas garantizadas de manera provisoria por el Gobierno. En toda la región, el territorio es objeto de una creciente amenaza por parte de los ambiciosos nuevos planes de infraestructura de la agroindustria, así como también por los planes gubernamentales para demorar y denegar la demarcación territorial indígena.

Indigenous land and planned and built hydroelectric dams in the northern portion of the Tapajós Basin in Mato Grosso state. Map by Mauricio Torres
Tierra indígena y represas hidroeléctricas planificadas y construidas en la parte norte de la cuenca del Tapajós, en el estado de Mato Grosso. Mapa: Mauricio Torres.

Sin embargo, no solo los indígenas están en problemas. Los campesinos sin tierra fueron en tropel a la Amazonía a principios del siglo 21, con la esperanza de que el recientemente electo Gobierno izquierdista del Partido de los Trabajadores cumpliera con la promesa de realizar un extenso programa de reforma agraria. Esto no sucedió y las familias sin tierra, los indígenas y las comunidades tradicionales se aferran hoy a las tierras a medida que las enormes plantaciones de monocultivos de soya —en gran parte, a manos de grandes agricultores adinerados— avanzan en la Amazonía desde el sur.

Este choque entre subsistencia y modo de vida condujo a la violencia, apropiación de tierras, asesinato. La Comisión Pastoral de la Tierra de la Iglesia católica, por ejemplo, registró diecinueve muertes violentas en las zonas rurales del estado de Pará durante 2015.

En vez de responder con la aplicación de la ley, el Gobierno ha tratado a veces de minimizar y normalizar la violencia. En la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático realizada en noviembre en Marrakech (Marruecos), el ministro de Agricultura de Brasil, Blairo Maggi —él mismo uno de los productores de soya más grandes del mundo—, atribuyó el creciente número de muertes violentas a “problemas de relaciones personales”.

Los activistas de los derechos humanos opinan diferente. Ellos ven la violencia actual como un conflicto en torno al uso de la tierra, la propiedad y la cultura. Fernanda Moreira, del Consejo Indigenista Misionero, vinculado a la Iglesia católica (Cimi), le dijo a Mongabay: “Mientras que el alarmante grado de violencia en el campo contra los indígenas, las familias campesinas y los líderes de movimientos sociales marca la naturaleza etnocida de estas luchas, también demuestra la intensidad con la que estas personas están resistiendo”.

Amansando el Tapajós

El primer paso para lograr un corredor de exportación de materias primas que fuera hacia el norte por la cuenca del Tapajós requería la pavimentación de la BR-163.

A Collared puffbird (Bucco capensis) in the Amazon. The Tapajós Basin is one of the most biodiversity rich places on earth. If the construction of commodies transportation infrastructure proceeds as planned, deforestation will cause much of that richness to vanish. Photo by Jeremy Hance / Mongabay
Un buco musiú (Bucco capensis) en la Amazonia. La cuenca del Tapajós es uno de los lugares más biodiversamente ricos de la Tierra. Si la construcción de la infraestructura para el transporte de las materias primas se lleva a cabo como se planificó, la deforestación provocará la desaparición de gran parte de esta riqueza. Foto: Jeremy Hance / Mongabay

Dicha autopista constituiría una conexión crucial entre Cuiabá, la capital del estado de Mato Grosso —donde se cultiva buena parte de la soya del país—, con el puerto de Miritituba, en el lado opuesto del río Tapajós, en la ciudad de Itaituba. Desde allí, la soya y otras materias primas podrían ser transportadas por el Tapajós a la ciudad de Santarém y luego, por el Amazonas, hasta la costa para su exportación.

En 1994, Jorge Baldo fue el primero en promover el mejoramiento de la BR-163 —un proyecto de construcción sumamente desafiante si se tiene en cuenta el difícil terreno—. Baldo persistió con el paso del tiempo, aunque muchos ridiculizaron la visión de él como pura fantasía.

“Tuvimos que buscar personas, una por una, y finalmente formamos nuestra [propia] organización y convencimos al Gobierno”, dijo Baldo, quien presidió la Associação de Desenvolvimento Regional para a conclusão da BR-163 (‘asociación del desarrollo regional para la conclusión de la BR-163’).

El área alrededor de Sorriso donde vive Baldo es ahora la mayor región productora de soya de Brasil, con 13.5 millones de hectáreas cultivadas. Baldo afirma que la BR-163 es fundamental para los productores de soya: “¡Nuestra región no es viable sin ella!”.

El Gobierno aprobó el proyecto de pavimentación en 2004 y hoy solo quedan por asfaltar los 110 km de tramo final. Cuando se termine, la BR-163 permitirá el tránsito de camiones de alta velocidad desde Mato Grosso hasta Santarém, y los productores de soya están muy contentos por esto.

Ferrogrão, el ferrocarril para transportar granos paralelo a la BR-163, también está al caer. Una de las primeras acciones del Gobierno de Michel Temer cuando tomó posesión a principios de este año fue seleccionar Ferrogrāo como un proyecto prioritario de infraestructura, para el que se espera licitar el contrato en 2017.

Un proyecto de infraestructura definitivo —el más controversial de todos— es la hidrovía industrial. Aparece en los planes del Gobierno, pero todavía se tienen que resolver muchas cuestiones importantes sobre esto.

Construction is well underway at the São Manoel dam site on the Teles Pires river, with three other dams completed or nearing completion. The Teles Pires is a major tributary of the Tapajós River and would form an important component of the industrial waterway. The dams were built firstly to provide hydroelectric power; to integrate them into the proposed industrial waterway, canals and locks will need to be added. Photo by International Rivers on Flickr, licensed under an Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0) license
La construcción de la represa São Manoel, sobre el río Teles Pires, está en marcha y hay otras tres más finalizadas o a punto de estarlo. El Teles Pires es un tributario importante del Tapajós y constituiría una parte fundamental de la hidrovía industrial. Las represas se construyeron primero para proporcionar energía hidroeléctrica. La integración de las represas a la hidrovía industrial propuesta requerirá agregar canales y esclusas. Foto: International Rivers en Flickr, bajo una licencia de Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0).
Indigenous Munduruku living on the Teles Pires River taking part in a mapping workshop delineating their territory. Indigenous people and river communities have seen, and will continue to see, territory lost, fisheries disrupted and depleted, and food security diminished, with the construction of the Tapajós Basin dams, roads and railway. Photo by International Rivers on Flickr, licensed under an Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0) license
Los indios mundurukus que viven sobre el Teles Pires participan en un taller de cartografía en el que delinean el territorio de ellos. Con la construcción de las represa, las carreteras y el ferrocarril en la cuenca del Tapajós, los pueblos indígenas y las comunidades ribereñas han visto, y seguirán viendo, la pérdida de territorio, la pesca interrumpida y reducida y la seguridad alimentaria disminuida. Foto: International Rivers en Flickr, bajo una licencia de Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0).

Los productores de soya están exultantes debido al nuevo corredor de transporte y a los potencialmente enormes ingresos que pueda generar: “Las nuevas rutas de salida por el norte pueden, con el tiempo, reducir a la mitad los costos de logística e incrementar la producción en las áreas que hoy son inviables por falta de infraestructura”, le dijo Luiz Antonio Fayet, consultor logístico de la CNA (Confederación de la Agricultura y la Ganadería de Brasil) a Bloomberg.

La BR-163, el Ferrogrão y, tal vez con el tiempo, la hidrovía industrial del Tapajós proporcionarán finalmente a la agroindustria brasileña —aliada con las empresas comerciales multinacionales como Bunge, Cargill, ADM y otras— un corredor de alta eficacia para exportar materias primas, que pasará por el corazón de la cuenca amazónica.

El sueño de Carlos Fávaro de convertir el río Tapajós en el “Misisipi brasileño” está ahora al alcance de los agroempresarios de Brasil —y solo se interponen en el camino los pueblos indígenas, las comunidades ribereñas tradicionales, los ecologistas y la preocupación cada vez mayor de los científicos climáticos con respecto al daño que se le causará a la selva y, de manera indirecta, al clima mundial—..

 

((Leia essa matéria em português no The Intercept Brasil. También puedes leer en The Intercept Brasil el informeen portugués de Mongabay sobre la cuenca del Tapajós)