Infraestructura: puente y vía para el desarrollo

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América Latina y el Caribe necesita multiplicar su inversión en edificaciones para suplir el retraso y las deficiencias actuales

Fuente: El País 

¿Cuántas cosechas se han dañado en los camiones por culpa de las carreteras? ¿Cuántas cadenas de producción se han paralizado por un corte de luz? ¿Cuántas oportunidades de exportar se han perdido por tener puertos de poco calado?

Las infraestructuras son esenciales para el crecimiento y el desarrollo socioeconómico de cualquier país. Buenas carreteras, agua, electricidad y saneamiento no solo hacen posible la producción industrial o la provisión de servicios básicos para los ciudadanos, sino que son un motor para el desarrollo: aumentan la productividad, reducen los costes, facilitan la acumulación de capital humano (permitiendo un mayor acceso a la educación o a la sanidad), ayudan a diversificar la estructura productiva y crean puestos de trabajo.

Sin embargo, los países de América Latina y el Caribe presentan grandes deficiencias en sus infraestructuras, que se traducen en un crecimiento económico insatisfactorio. Solamente en electricidad, esta parte del mundo perdió el 16% de su producción total (en los países de la OCDE ese porcentaje se reduce al 6%) y los apagones supusieron en 2012 mermas económicas superiores a los 68.000 millones de dólares. En cuanto al transporte, los niveles de carreteras asfaltadas de Latinoamérica son similares a los de África, y más de 100.000 personas mueren cada año por culpa de los accidentes de tráfico. Y si nos fijamos en las exportaciones, los costes de vender productos a otros países son más elevados en Latinoamérica que en el sur de Asia y los plazos son más lentos que en Asia oriental.

Cerrar estas brechas supondría que durante los próximos 30 años los países de América Latina y el Caribe tendrían que incrementar sus inversiones en infraestructuras para pasar de la media actual del 3,5% del Producto Interior Bruto (PIB) regional al 5%. Esta es una de las principales conclusiones que se pueden extraer de la publicación Descubriendo el velo sobre los datos de inversión en infraestructura en América Latina y el Caribe sobre el portal web Infralatam, una iniciativa desarrollada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (Cepal). Esta base de datos ofrece cifras de inversión en infraestructuras de 19 países latinoamericanos entre los años 2008 y 2015 que incluyen los sectores de energía, telecomunicaciones, transporte, agua y saneamiento excluyendo las inversiones en infraestructuras relacionadas con el petróleo y el gas así como las de tipo social (escuelas, hospitales, viviendas e infraestructura de seguridad).

El panorama que presenta es esclarecedor. Desde el punto de vista geográfico, mientras en el año 2008 Panamá, Belice y Honduras fueron los países que más invirtieron en esta clase de edificaciones, en 2015 la inversión fue liderada por Bolivia, Perú y Colombia que, junto con República Dominicana y Trinidad y Tobago, han más que duplicado su porcentaje del PIB invertido.

En cuanto a los sectores, entre 2008 y 2015 aproximadamente el 44% de las inversiones totales de esta parte del mundo se dieron en transporte, seguidas por energía (30%), telecomunicaciones (15%) y agua y saneamiento (11%). La mayor parte de las inversiones en transporte recayó en la infraestructura vial (75%) mientras que los porcentajes destinados al ferrocarril (13%), al fluvial y marítimo (7%) y al aéreo (5%) fueron muy inferiores. El 90% de la inversión en energía se destinó al sector eléctrico y el 10% restante se adjudicó al gas natural. Finalmente, la infraestructura de agua y saneamiento representó aproximadamente el 87% de la inversión total dedicada al sector, mientras que la irrigación (10%) y la protección contra inundaciones (3%) atrajeron relativamente poco capital.

Cada país ha priorizado de manera diferente sus inversiones. Panamá, Bolivia y Colombia se han concentrado en los transportes; Guyana y Uruguay en la energía; Trinidad y Tobago y Perú, en agua y saneamiento; y los países de América Central dominan el sector de las telecomunicaciones.

El Estado ha sido tradicionalmente el principal proveedor de infraestructuras debido a la utilidad pública y a que los costes de ejecución de las obras son generalmente elevados. Siguiendo esta tendencia, en América Latina la participación privada ha rondado el 30% y se ha concentrado en los sectores de telecomunicaciones y energía. Estas cifras ponen de manifiesto que el aumento de este tipo de inversiones, en un momento en que la mayor parte de los países busca reducir su déficit público, pasa por atraer capital privado incluso a través del mecanismo de asociaciones público-privadas.

Contar con una definición uniforme y con la que todos los países estén de acuerdo para medir las inversiones en infraestructura está detrás de la iniciativa Infralatam. El objetivo es aumentar a 26 países la base de datos y hacer actualizaciones cada dos años para permitir mayores análisis e investigaciones que ayuden a diseñar políticas que permitan la mejora de las infraestructuras. Porque América Latina tiene que seguir avanzando por la senda del desarrollo y no se puede permitir que el significado del prefijo -infra (debajo) se aplique a la calidad y a la cantidad de sus construcciones.