Financiamiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe: desafíos para la movilización de recursos

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Para alcanzar los Objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible se requiere movilizar una gran cantidad de recursos financieros; según diferentes estimaciones, esta cantidad puede oscilar entre los 3 y los 14 billones de dólares anuales en total (véase el cuadro 1).

Financiamiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe - desafíos para la movilización de recursos

También los países de la región deberán ser capaces de movilizar importantes niveles de financiamiento interno y externo, en un contexto en que la dinámica de crecimiento, tanto regional como mundial, no favorece el financiamiento del desarrollo. El bajo crecimiento económico regional se suma a escenarios fiscales complejos y bajas tasas de ahorro nacionales, lo que implica un gran desafío para las políticas públicas y los medios de implementación destinados al financiamiento del desarrollo. Dado que el espacio fiscal y la disponibilidad de recursos seguirán siendo limitados, se requerirán reformas integradas y sostenidas en el ámbito de las finanzas públicas que apunten a asegurar la solvencia del sector público, a proteger la inversión, a cautelar los logros sociales y a ampliar los recursos tributarios. Estas acciones en materia fiscal deben complementarse con un aumento de la inversión privada que permita volver a alcanzar tasas de crecimiento económico altas y estables. El comportamiento de la inversión no solo afecta el ritmo y la tasa de acumulación de capital, sino que también se relaciona directamente con la dinámica de la productividad. Debido a la relación causal entre acumulación de capital y productividad, las características cíclicas de la inversión son un factor determinante de la capacidad de crecimiento de largo plazo (CEPAL, 2015a).

En el ámbito del financiamiento público, también es imperativo mejorar los sistemas tributarios de la región, que en la mayoría de los países se caracterizan por una insuficiente recaudación producto de las ínfimas tasas efectivas pagadas por el decil más rico, una alta evasión del impuesto sobre la renta y los impuestos indirectos (de 6,7 puntos del PIB regional, según estimaciones de la CEPAL, lo que en 2015 correspondió a cerca de 340.000 millones de dólares) y bases impositivas erosionadas por la proliferación de incentivos tributarios. En el panorama del financiamiento para el desarrollo, es necesario tener en cuenta que en el último decenio han acaecido cambios relacionados con la creciente participación de nuevos actores y fuentes de financiamiento, entre los que figuran donantes que no son países miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo, organizaciones no gubernamentales (ONG), fondos para el clima, mecanismos de financiamiento innovadores e iniciativas de cooperación Sur-Sur. Asimismo, el capital privado se ha erigido en una importante fuente de financiamiento, con un conjunto diversificado de instrumentos que incluyen acciones, bonos, títulos de deuda, prestamos concesionarios e instrumentos de mitigación del riesgo (incluidas las garantías), además de remesas de trabajadores y contribuciones voluntarias privadas. Si bien estos cambios han ampliado las opciones para el financiamiento de actividades en el marco de la Agenda 2030, también plantean importantes desafíos, dada la necesidad de coordinar los actores, instrumentos y mecanismos y combinarlos en un marco coherente de financiamiento para el desarrollo. A continuación se discuten los desafíos de la política fiscal de los países de la región a la hora de generar y canalizar recursos para el financiamiento del desarrollo, así como los desafíos que imponen los cambios ocurridos en la arquitectura financiera regional al financiamiento del desarrollo.

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